La tendencia a realizarse tatuajes en diferentes zonas corporales está en aumento. Sin embargo, muchas personas se arrepienten en los meses o años posteriores y desean eliminarlos. Las razones para ello son múltiples: laborales (por ejemplo en las fuerzas armadas), emocionales (el tatuaje les recuerda una persona o un momento no grato de sus vidas), estéticas (ya no les gusta o les avergüenza) o porque en la vida adulta no quieren que sus hijos se los vean.
El tatuaje se realiza inyectando diferentes pigmentos a nivel de la dermis (2º capa de la piel, bajo la epidermis), a diferente profundidad y con diferentes técnicas dependiendo si lo hace un profesional o un aficionado.
Hasta ahora se han utilizado diferentes métodos para intentar borrarlos, varios de ellos poco efectivos y otros dejan cicatriz. Actualmente el láser se considera el tratamiento de elección para este procedimiento, logrando los mejores resultados. Sin embargo, el porcentaje de desaparición depende de varios factores como el color, tipo de pigmento, etc. Nunca se puede asegurar el borrado 100%. Hay casos especiales como los tatuajes cosméticos de labios que podrían oscurecerse con el tratamiento, por lo que se hace una prueba previamente.
El rayo láser emite energía que se dirige hacia el tatuaje en una fracción de segundo, atravesando las capas superficiales de la piel. El pigmento se fracciona y el organismo lo absorbe. Como todos los organismos son diferentes, cada persona va a descomponer y eliminar el pigmento en forma diferente.
El proceso requiere mucha constancia y paciencia ya que se necesitan múltiples sesiones de laser. Después del primer tratamiento parte del pigmento se destruye y es removido de la zona en un plazo de al menos 6 a 8 semanas. Una vez que termina esa etapa se puede realizar la siguiente sesión, repitiéndola según lo necesario para cada caso, con un número de sesiones que varía entre 6 a 15, o aun más en casos excepcionales, es decir son entre 1 a 2 años de tratamiento. Los colores oscuros son los primeros en atenuarse. Algunos colores son más difíciles o a veces imposibles de borrar (verde, violeta, naranjo, celeste, rosado y blanco). También influye el tipo de pigmento utilizado y, si es un tatuaje profesional, es mucho más lento el proceso ya que el pigmento es más denso y más profundo.
Durante el procedimiento se produce una sensación de un golpe de elástico en la piel, de intensidad variable según cada caso. Se puede atenuar con anestésicos tópicos y hielo local. Posteriormente se siente como una quemadura de sol por algunas horas, pudiendo el paciente retomar sus actividades en forma normal.
En general no deja cicatriz no pero hay personas con predisposición a los queloides en quienes podría ocurrir una cicatriz engrosada. Depende mucho de los cuidados posteriores y de los parámetros utilizados durante la sesión de tratamiento. En la mayoría de los casos, al finalizar queda una “sombra” del tatuaje inicial.
Actualmente se considera al láser Q switch Nd YAG el método más efectivo, rápido y seguro para realizar este tratamiento.
Dra. Lilian Pérez C.
Dermatóloga Centro Laser Clínica Sara Moncada
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