La rosácea es una patología que se presenta en pacientes, constitucionalmente, predispuestos a rubicundez y bochornos faciales, y consiste en pápulas y/o papulopústulas en el área centrofacial sobre un fondo rubicundo en el que se aprecia venitas dilatadas, llamadas telangiectasias.
Ante todo, se debe distinguir esta patología de la presencia de venitas visibles perinasales en familias de piel muy clara, originarias especialmente del norte de España o de países anglosajones, lo cual es una característica étnica debido a su transparencia de piel y no constituye una rosácea. Ësta no va acompañada de bochornos faciales ni de episodios pápulopustulares. No requiere tratamiento médico pues es un rasgo más del fenotipo como el color de los ojos y del pelo.
La rosácea evoluciona en etapas. Antes de los 20 años ya hay una historia de episodios recurrentes de enrojecimiento facial, que con el tiempo se transforma en una rubicundez permanente. El cuadro inflamatorio completo es más frecuente en la 3ª y 4ª década de la vida, con predominio en el sexo femenino. En varones adquiere, ocasionalmente, en etapas tardías un grotesco aspecto de nariz engrosada, por hiperplasia difusa del tejido conectivo, con glándulas sebáceas enormemente desarrolladas.
Los pacientes predispuestos reaccionan, característicamente, con enrojecimiento del área central de la cara frente al calor y a las emociones intensas.
El estímulo específico es el alza de temperatura, la cual produce vasodilatación transitoria y rubor consecuente en toda la población como una forma de liberar calor por irradiación desde la superficie cutánea y así mantener estable la temperatura interna del organismo. El rubor en estos pacientes predispuestos perdura más tiempo que en el resto de la población y con el paso de los años se hace permanente.
Hay fuentes de calor externo como son los ambientes sobrecalefaccionados, el sol, el manejo de brasas u hornos, los baños sauna, etc., y calor de origen interno producido por alimentos irritantes como los picantes o el alcohol. El té y el café no son productores de calor interno a menos que se tomen muy calientes.
Existen otras teorías sobre la etiología de este cuadro, las cuales, aún están en discusión. Una se refiere a trastornos gastrointestinales como la constipación o la presencia de un microorganismo, el Helicobacter pilorii, relacionado con cuadros de gastritis y úlceras. Otra teoría postula una incapacidad de la piel de regular su propia temperatura.
HALLAZGOS CLÍNICOS
Estadio I: Eritema o rubor congestivo.
Este rubor puede persistir por horas o días. Con el tiempo empiezan a marcarse venitas dilatadas en los bordes de la nariz, sobre mejillas, en entrecejo y sobre el dorso nasal. La mayoría de estos pacientes refiere tener una piel muy irritable que arde y pica con diversos cosméticos, fragancias y pantallas solares.
Estadio II: Rosácea inflamatoria o activa.
Aparecen pápulas rojas en mejillas, nariz y mentón que persisten por semanas. No hay comedones o puntos negros. A veces las pápulas llegan a presentar una cabecita blanca similar a las lesiones del acné del adolescente. Los poros tienden a hacerse más prominentes y dilatados. Estos ataques pápulo-pustulares se hacen más frecuentes y persistentes con el paso de los años.
Estadio III: Rinofima y otras hiperplasias tisulares.
Una minoría de pacientes, sobre todo varones, desarrollan un engrosamiento marcado de la piel centrofacial con gran hiperplasia sebácea del dorso nasal, lo que les desfigura el rostro grotescamente.
Complicación Oftálmica:
Infrecuentemente, la rosácea produce inflamación ocular como inyección conjuntival, fotofobia y/o blefaritis. Puede ser el primer signo del cuadro, enmascarando el diagnóstico hasta que aparece el rubor. Pero siempre una buena historia clínica aporta el dato de bochornos faciales a repetición.
PREVENCIÓN: Pacientes predispuestos deben evitar exponerse a fuentes de calor y evitar alimentos irritantes, alcohol y bebidas muy calientes. Se recomienda evitar la constipación, procurando un hábito intestinal diario.
TRATAMIENTO:
Las distintas etapas de la rosácea tienen distintos tratamientos:
En el Estadio I sólo debe aplicarse medidas preventivas para evitar exacerbaciones de su rubicundez. Las venitas dilatadas permanentes pueden ser electrocoaguladas o ser tratadas con rayo laser colorante de pulso.
El Estadio II o pápulopustular y la rosácea oftálmica; se trata con antibióticos por vía oral, los cuales actúan como antiinflamatorios.
El Estadio III o hiperplásico es de resorte quirúrgico. Se puede realizar una decorticación nasal por un dermatólogo o un cirujano plástico.
Dra. BEATRIZ GAUSE NIEMEYER
Médico - Cirujano Dermatólogo
Registro CONACEM N° 5759
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